En detalle

Deje que los niños conozcan el mundo en el que viven.

Deje que los niños conozcan el mundo en el que viven.

Nacemos con muchas neuronas, pero con muy pocas habilidades. Al principio, nuestro cerebro se puede comparar con una pieza de plastilina lista para ser moldeada por la interacción con el medio ambiente. La formación de redes neuronales se lleva a cabo principalmente en los primeros 6 años de vida, siguiendo un proceso neurobiológico secuencial bien determinado. El desarrollo neurológico depende de la estimulación y la consistencia (repetición de la estimulación) para construir redes neuronales estables. Primero, se desarrollan las habilidades simples "inferiores", es decir, las habilidades sensoriales-motoras.

En otras palabras, los primeros años de vida están dominados por el desarrollo de los sentidos: táctil, visual, auditivo, gustativo y olfativo. Además, hay dos sentidos "ocultos" pero extremadamente importantes, que nos brindan información sobre el movimiento y el posicionamiento del cuerpo en el espacio, a saber, los sentidos propioceptivo (músculos) y vestibular (equilibrio). En los primeros años de vida, se debe alentar al niño a explorar tanto como sea posible y, en la medida de lo posible, a usar tantos sentidos simultáneamente como sea posible para garantizar su integración eficiente en la parte superior del cerebro.

¿Cómo aprende el cerebro?

Toda la información llega al cerebro a través de los órganos sensoriales (ojos, oídos, piel, músculos, etc.). Para no sentirse abrumado por la enorme afluencia de información proveniente de todas las direcciones, el cerebro tiene filtros que le permiten priorizar lo que es realmente importante, dependiendo de la situación. Por lo tanto, solo una parte de la información pasa por el primer nivel de filtrado, llamado sistema reticulado activador aguas arriba, que controla genéricamente el grado de "activación" del cerebro, incluidos los estados de vigilia, sueño y atención. Este sistema es extremadamente sensible a la novedad y variedad, y tiene, en todas las especies animales, el papel de notar cambios en el medio ambiente y aumentar el estado de alerta del cerebro en la detección de peligros.

¡Es por eso que la estimulación temprana y equilibrada de todos los sentidos, durante los primeros 6 años de vida, cuando se forman las redes neuronales, es la base de las complejas habilidades de aprendizaje de más adelante!

Un niño criado en un entorno artificial, que aprende de la televisión, los libros o los planes educativos sobre plantas, animales y fenómenos de la naturaleza, no desarrolla sus instintos ni su capacidad para adaptarse rápidamente al entorno. No puede asociar la imagen de un cachorro de una imagen bellamente coloreada, por ejemplo, con la percepción tridimensional, el olor, la sensación táctil y la emoción que tendría si tuviera un cachorro en sus brazos. Del mismo modo, el niño comprende lo que significa llover, viento, barro o polvo, haciendo contacto directo con ellos.

Desafortunadamente, cada vez más padres mantienen a sus hijos fuera del contacto directo con el mundo circundante, por temor a no enfermarse o ensuciarse, olvidando que la suciedad es beneficiosa para el desarrollo del niño. Además, hay OMO, por lo que la ropa se puede limpiar y desinfectar rápidamente para nuevos desafíos en medio de la naturaleza.

Cualquier retraso o desarrollo incorrecto de habilidades motoras sensoriales simples, en los primeros años de vida, afectará el desarrollo correcto de habilidades cognitivas superiores (atención y memoria, razonamiento, aprendizaje). Esto implica que las experiencias de exploración, juego, educación e interacción con el medio ambiente corresponden a las necesidades neurobiológicas naturales del niño en cada etapa de la vida. En otras palabras, la estimulación correcta (en el entorno natural) y en el momento adecuado, ni más ni menos. En la agitación de la vida moderna, se ha vuelto imprescindible dar a los niños el tiempo suficiente para usar todos sus sentidos y desarrollar sus cerebros adecuadamente, jugando libremente, en medio de la naturaleza, y no agotarlos con actividades de aprendizaje, en espacios cerrados, dispuestos artificialmente. La naturaleza tiene sus leyes que no siempre se corresponden con nuestras ambiciones parentales de tener hijos inteligentes y eficientes antes del clima.

Artículo escrito por Monica Bolocan
Psicólogo clínico y educativo
www.psiholog-pentru-copii.ro